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Todos los productos que consumimos día con día, provienen de la naturaleza y conllevan un proceso de manufactura.

El impacto negativo que este proceso provoca en el ambiente se le conoce como huella ecológica, ya que como su nombre lo dice deja un rastro, que se ve reflejado en problemáticas ambientales como, contaminación del suelo, agua y aire, que a su vez, provocan la pérdida de ecosistemas, y por ende, de las formas de vida que lo habitan incluyendo la humana. Debido a esto, se ha buscado que la sociedad conozca sobre este tipo de problemáticas, y lleve a cabo un consumo responsable. Lo anterior, implica  adquirir productos, en la medida de lo posible, que hayan sido producidos de forma sustentable o amigable con el ambiente.

Seguramente te has dado cuenta de que hoy en día el consumo del café es muy habitual. La mayoría de las personas, si no es que todas, ha consumido alguna vez café, ya sea por el mero gusto de saborearlo solo, en compañía de alguien, o bien, como un estimulante para llevar a cabo algunas de nuestras tareas cotidianas. Lo cierto es que el café es una bebida de gran importancia cultural y económica alrededor del mundo, ya que es uno de los  productos más comercializados a nivel mundial.

  Pero, alguna vez te has preguntado ¿De dónde viene esta  bebida y de qué forma se produce?  

El café como producto de consumo se deriva de las semillas tostadas de la planta del café o cafeto. Esta planta es originaria de los bosques húmedos del este de África, de ciertas regiones de Sudán, Etiopía y Kenya. Existen diversas especies de cafetos, sin embargo, las que se cultivan para nuestro consumo son las especies Coffea arabica, comúnmente conocida como arábiga, y Coffea canephora, también conocida como robusta. La especie arábiga se usa en particular para la producción de cafés molidos, mientras que la especie robusta para cafés solubles. Actualmente la producción de estas dos especies se lleva a cabo en las zonas tropicales alrededor del mundo, mayormente en los países denominados tercermundistas. En este grupo podemos encontrar  a Brasil, Colombia, Costa Rica y México, por mencionar algunos.

En el caso de México la producción de café es el medio de subsistencia para muchas poblaciones indígenas, quienes lo producen con técnicas tradicionales sustentables, alcanzando un impacto positivo en los ámbitos ecológico, biológico, económico y social. Esto último se logra ya que se crean cooperativas bien organizadas con un gran número de miembros dedicados al cultivo de café. Tal vez te preguntes cómo este tipo de cultivo trae consigo tantos beneficios. Pues bien, para contestar esto, debemos conocer la forma en que habitualmente se cultiva el café.

A diferencia de los cultivos tradicionales, los sistemas de producción convencional, también conocidos como sistemas de monocultivo, o de sol, implican la tala de grandes extensiones de selvas, sin mencionar el uso de agroquímicos para su mantenimiento, los cuales además de que representan un mayor gasto monetario, son una gran fuente de contaminación para el suelo y cuerpos de agua cercanos a los cultivos. Por si fuera poco, los mayores beneficiarios son grandes corporativos que no son de los países donde se cultiva.

Por otro lado, el sistema de cultivo tradicional, también conocido como policultivo o de sombra, no requiere la tala de grandes extensiones  de selva,  ya que el café se cultiva dentro del mismo ecosistema. Además no requiere del uso de agroquímicos, ya que las interacciones ecológicas entre la gran diversidad de plantas y animales ayudan a su protección contra las plagas y proporcionan los nutrientes necesarios  para su desarrollo. En este sistema no solo se aprovecha el café, también otras especies tropicales cultivadas por los mismos productores.

Por otro lado incentiva un comercio justo ayudando a elevar el bienestar de las personas implicadas en todo el proceso, ya que son ellos mismos quienes se ocupan de toda la labor de cosecha y comercio, eliminando a los intermediarios, quienes son los que habitualmente se ven más beneficiados.

¿Qué tal? Ahora la próxima ocasión que adquieras un café en cualquiera de sus diversas y deliciosas versiones,  piensa en los procesos que se requieren para su obtención, así como su lugar de procedencia. Esto te hará un consumidor responsable, ya que no sólo ayudarás a la preservación de los bosques y selvas del país y del mundo, sino también incentivarás el crecimiento económico regional de manera sustentable.

 

Mauricio Sánchez Martínez  

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