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Se aglomeran los recuerdos, volver a clases es parte de una apuesta por el futuro, es una canción sin letra, es una rutina que nadie cuestiona, el diploma ha pasado a ser, el certificado de nacimiento a una sociedad, donde quien no tiene papeles, carece de existencia.

Sin embargo de todo lo que ya sabemos, intentemos mirar desde otra parte. El ajetreo hogareño se traduce en puntualidad a la hora de ingresar a clases, los docentes, incansables, repiten la lección; cada escuela parece un taller donde se fabrican ciudadanos, el humo que sale de las chimeneas invisibles, pasa desapercibido, los bebés son cada vez más prematuramente enviados a las escuelas, aún no se sabe si el objetivo es la formación que allá prometen o para que los papás dispongan de un tiempo libre, mientras los niños, son guardados en sitios especialmente acondicionados para ese fin.

El regreso a clases, no debería ser solo una movilización de los estudiantes y sus padres, para llevarles hasta el centro educativo, tendría que ser también un espacio de reflexión referida a como preparamos el futuro. De pronto miramos a las nuevas generaciones, desde la altura de cualquier fin de semana y nos damos cuenta que algo falto, algo sobro, algo no fue incluido en las enseñanzas impartidas en las escuelas, para que los niveles de drogadicción, de nomeimportismo, y de sinsentido se incrementen constantemente.

El regreso a clases es un ritual que se repite con sorprendente precisión. De pronto, desde ese día, las calles son tomadas por el color del uniforme escolar; los estudiantes se deslizan en determinadas direcciones, la alegría en muchos casos se desvanece, se respira normalidad, en verdad, cada vez está menos claro que es lo normal. Los profesores dan pruebas y evalúan a los alumnos, no sé si se evalúan a sí mismos. La vida nos evalúa a su manera, en forma de problemas y adversidades que las podemos usar para agobiarnos o deprimirnos o para hacernos fuertes.

Los alumnos regresan a clases, empero quizá hay una otra escuela que carece de aulas, que retumba en enseñanzas, en esta otra escuela no hay profesores, ni programas, es solo la dinámica de la vida y sus cambiantes circunstancias. Quizá todos estamos en una escuela y no nos lo habían dicho, tal vez somos alumnos de la escuela de la vida, desde el momento que aprendemos a aprender. Quizá este aprendizaje no termina nunca.

De momento los estudiantes de retorno a clases…y las otras, las de la vida misma, quizá sea necesario pasarles el dato y que sepan desde ahora, que la vida misma es una escuela y si somos buenos aprendices, la mejor escuela.

CHAMALU  

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