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Todo camino a comenzar tiene un componente único: la soledad. Y dicha soledad no importa si es verdadera o imaginada, porque en cada aventura que se quiera emprender, uno se enfrentará al momento crucial solo: soledad cuando hay que saltar del avión, cuando hay que cruzar medio mundo, cuando hay que arrancar una empresa, cuando hay que cambiar de trabajo, cuando hay casarse o bien cuando se tiene un hijo. Y en esos momentos, por más gente que rodeen a uno, la decisión siempre será individual.

La soledad no tiene aquí un tinte deprimente o trágico sino un caracter descriptivo. Te pueden acompañar en tu viaje pero solamente esto sucederá una vez se haya dado el primer paso adelante. Se podrán comenzar caminos en conjunto con alguién o algunas personas pero no quita el momento de soledad en la que uno decide participar. emprender requiere por lo mismo un factor que muchas veces las escuelas de negocio o las incubadoras olvidan: el sentirse cómodo en soledad, sea en la innovación, sea cambiando el mundo, sea rompiendo paradigmas o bien sea llevando de comer a la mesa del hogar.

Emprender requiere que tu soledad te desafíe hasta el punto de que el miedo al acantilado se convierta en modus vivendi. El miedo a la soledad solo produce un quietismo, aún más peligroso que el vivir solo, haciendo de esta vida, de este mundo, un mejor lugar para todos.

Escrito para Las Páginas Verdes por Resiliente Magazine, Roberto Carvallo.

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