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Tener un negocio enfocado en la comida orgánica resulta en muchos aspectos no sólo un beneficio para el productor, sino para el consumidor también. Sin embargo, el problema de esto recae en que nuestra sociedad no tiene la cultura de un consumo

México fue primer lugar en obesidad en el 2011, esto se refiere a que no hay la comprensión de que no sólo va ser benéfico para su salud sino para el medio ambiente también. Sabiendo que la iniciativa no viene por parte del consumidor, ¿qué  se necesita hacer para que un producto orgánico resulte atractivo?

Lo que un productor debe hacer es NO lanzar un mensaje que implique educar la alimentación  del consumidor, al contrario, se debe plasmar de una manera amigable y llevar de la mano, la garantía de satisfacción. Una vez que el cliente está satisfecho con lo que consumió, hacerle saber que los beneficios no terminan en saciar su hambre, sino que a demás el beneficio para su salud y para el medio ambiente, es un plus que ayuda de una manera exponencial.

En otras palabras, la empresa es la que está encargada del impacto ambiental principal cumpliendo con las reglas y certificaciones orgánicas establecidas; el cliente sólo se debe preocupar por satisfacer sus necesidades ya que, al comprar el producto, por ende ya está generando un bien para su salud y para el medio ambiente.

Exponer un buen mensaje que fomente el consumo, se trata de pensar como cliente, y hacerle saber a éste que la comida orgánica no se debe confundir con el consumo vegetariano. Mientras se cumpla y se certifique el origen de la comida, puede existir una gran variedad en los menús.

La clave está en tener platillos visualmente agradables, deliciosos, sencillos y nutritivos. Así, se van a crear clientes que harán el consumo verde no sólo parte de su vida, sino un estilo de vida también, arrojando resultados para la empresa que serán orgánicamente exitosos.

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